«Quieren quitar la ilusión a 43 niños»

GIJÓN 08/01/2017 10:18 |0

El campo de La Boroñada será expropiado por la obra del desdoblamiento de la AS-19

Ilusiones arrebatadas. Ese era el clima que se respiraba ayer en el campo de fútbol La Boroñada de Gijón, donde juega la Sociedad Cultural Deportiva Peña Hermanos Castro, cuya historia comenzó en 1970. Pero esa tristeza no provenía del resultado del partido jugado, en el que los alevines perdieron por 2 a 1 contra el visitante, El Industrial, sino por la «desconcertante» noticia de expropiación del campo, debido al desdoblamiento de la carretera AS-19, primera pieza de los nuevos accesos a El Musel.

«Me parece una injusticia porque nos gusta mucho el fútbol. Llevamos bastantes años aquí y, si nos quitan el campo, no sabemos dónde vamos a ir a jugar. A ver si podemos recoger firmas para hacer más fuerza y para que no se vayan con lo que más queremos». Enol Lojo, jugador alevín de 12 años, explicaba de esta forma, sin ocultar su tristeza, el sentir de todo el club. Una pena que siente también su abuelo, Fulgencio Barragán, su fiel seguidor y fan número uno, que lamenta cómo se podría esfumar la posibilidad de ver entrenar y jugar a su nieto. Y es que este campo ha sido la cuna de muchos sueños. «No se puede destruir, este campo tiene muchos años de historia y no se debe hacer eso... Haremos lo que sea para apoyar a todos los niños a los que les gusta este deporte», asegura Barragán.

Así, unidos, padres, familiares y amigos, quisieron brindar ayer todo su apoyo a la peña. Aunque son conscientes de la realidad y, pese al empuje que demuestran, admiten que la protesta «de poco servirá, pues ya está todo hablado». «No me parece nada bien que se les quiera quitar la ilusión a estos 43 chavales. Creo que no procede. Mi hijo está jugando aquí y le van a quitar la alegría de venir a entrenar, jugar y hacer amigos», explicaba Eduardo Corao, padre de otro de los jugadores. La noticia torció muchas sonrisas. El club está formado por tres grupos: el cadete, con 15 jugadores; infantiles, con idéntica cifra, y alevín, con 13 niños. Para todos, la noticia ha sido «terrible». «Es donde nos divertimos y donde hacemos amigos. Nos quieren quitar la ilusión a todos los jugadores», decía el pequeño delantero del alevín, Matías Flores.

No cabe duda de que hablan de algo más que un terreno de juego. La Boroñada es donde practican el deporte que les gusta, se divierten con el balón y hacen amigos, pero también es el punto de encuentro de la familia que conforman todos los miembros del Hermanos Castro.

Unión, esfuerzo y ganas

Allí conviven y comparten su tiempo y numerosas actividades lúdicas. «Hacemos muchas espichas y parrilladas con todos los familiares, para que los niños permanezcan unidos. Todo el mundo se lo pasa muy bien y lo mejor es que todos ayudan a que esto siga hacia delante», dice el presidente del club, Antonio Naveiras.

Para mantener esta unión hace falta mucho esfuerzo y ganas, algo que nunca hasta ahora se ha perdido, pero que peligra ante la incierta situación actual. Es por ello que Naveiras pide claridad acerca del futuro del campo y, sobre todo, el de los propios niños. «Nadie me ha dicho nada aún sobre si jugaremos en otro sitio. No sé qué pasará, pero me da mucha pena que se destruya todo esto. Pedimos que nos den un campo donde seguir siendo felices».

Coincide en la misma idea el entrenador de los alevines, Iván Fidalgo, quien asegura no tener ningún problema con que pase la autopista por allí. Eso sí: «Nos tienen que dar unas instalaciones. A otros clubs de Gijón se les ha dado campos que además son municipales, por lo que tienen una serie de ventajas que nosotros no tenemos. Pedimos unas instalaciones propias para nosotros, como las que tenemos ahora». En la misma línea se expresa Susana Prada, madre de uno de los integrantes del club y ayudante principal de algunas de las tareas del equipo. «Los niños no quieren ir a la Federación porque saben que están saturados y que te pueden dar horarios para entrenar muy complicados. Hay mucha masificación y los equipos grandes tienen preferencia. Si se tiene que expropiar, que se haga, pero que nos den lo mismo que tenemos y, además, que llegue el autobús para que todos puedan ir a entrenar».

El descontento va más allá del hecho de quedarse sin el terreno de juego. María Goretti, encargada de la cantina, se quedaría sin trabajo. Ella es una integrante más de esta familia. «Es un club pequeño, pero no nos faltan pasión, ganas y esfuerzo», explica.

Y así, unidos más que nunca, todos se sienten con fuerzas y ganas de marcarle un gol por toda la escuadra al rival que pretende quitarles lo que más quieren: La Boroñada.

Noticias relacionadas

Lo más

COMENTARIOS

©ELCOMERCIO

Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación. Si continúa navegando acepta su uso. Más información y cambio de configuración..

x