Diez consejos si vas a entrar en la cárcel

09/01/2017 13:44 |0

Un experto en el mundo de las prisiones describe la vida a la que se enfrentan las personas que entran por primera vez en un centro para cumplir condena y explica cómo sobrellevarlo sin riesgos

'La rutina' es la palabra de argot que define el código que impera en el día a día de las prisiones. Quien conoce 'la rutina' sabe, por ejemplo, que si te prestan un paquete de cigarrillos, debes devolver dos. La televisión y el cine han creado una imagen terrorífica de la entrada en prisión que, según los expertos, no se corresponde con la realidad, aunque tampoco es un paseo por un jardín de rosas. En la serie de televisión 'The good wife', por ejemplo, hay un capítulo en el que una persona que va a entrar en presidio para cumplir condena recibe el adiestramiento de un profesional dedicado a entrenar a ciudadanos ajenos al mundo del hampa que se van a enfrentar a una larga estancia en un centro de reclusión. Esa figura es pura ficción pero en las cárceles españolas sí que está instituida la figura del interno de apoyo, un preso que se encarga de recibir a los nuevos internos y revelarles las interioridades del penal. Según un experto en instituciones penitenciarias consultado por este periódico, esta función ha sido clave en los últimos años en España, en los que la crisis y los cambios del Código Penal han enviado a prisión a cientos de personas sin ninguna vinculación con el mundo delincuencial. «Un ciudadano normal se va a encontrar con personas como él. Ingenieros o abogados que, bajo los efectos del alcohol, tuvieron un accidente en el que falleció una persona, por ejemplo. Y también muchos padres de familia alcanzados por la crisis que, para sobrevivir al paro y poder pagar los estudios universitarios de sus hijos, hicieron el tonto y aceptaron mover drogas», añade el experto. Estos son los consejos que reciben estas personas cuando atraviesan las puertas de una prisión.

Gestionar la imagen personal
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Uno de los primeros consejos que se da a los presos es que sean conscientes de que su intimidad ha desaparecido y que van a estar vigilados las 24 horas del día. No solo por los funcionarios, sino también por el resto de reclusos. «Hasta el gesto más pequeño va a ser observado y analizado minuciosamente», explica el experto, «lo que implica que hay que saber no mostrar debilidad pero tampoco soberbia». Hay que tener un equilibrio muy delicado para no ser el matón desafiante -que acabará metido en problemas- ni la presa fácil. Y una cuestión clave. «Sí es sí, y no es no». En la cárcel el valor de la palabra es sagrado. No se puede prometer lo que no se va a cumplir. «Conocer el código, 'la rutina', es necesario pero es más importante respetarlo», apostilla.

Más amigos, más problemas
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«En la cárcel se puede conocer a gente que es una fuente de conflictos. Hay que tener mucho cuidado con quién se trata», explica el experto. «Hay clanes, organizados por razas o etnias, y la mezcla está muy mal vista. Los negros no van con los gitanos ni estos con los musulmanes», explica. También hay que ser precavido a la hora de evitar -en especial cuando se es un recién llegado-, a las personas que ofrecen drogas o teléfonos móviles clandestinos. «Siempre te van a engañar al principio y lo más normal es que se contraigan deudas que acabarán afectado a la familia en el exterior».

Hay sitios sagrados
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En los presidios, un lugar cerrado y rodeado de límites, la gestión de los espacios es sagrada y puede ser una cuestión vital. «En el comedor, por ejemplo, los jefes se sientan al final, donde pueden ver a todo el mundo y controlar desde allí lo que sucede. Ocupar uno de sus asientos es una provocación intolerable», explica el experto. Lo mismo sucede con los bancos del patio. «Si ves que un banco, aunque sea muy largo, ya está ocupado por tres personas, ni se te ocurra sentarte. Ese lugar ya pertenece a alguien. Con el tiempo se aprende a saber dónde se coloca cada quién, pero al principio hay que ser muy cuidadoso», detalla el experto.

Evitar las peleas
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En las prisiones existen peleas y se vive en un ambiente de agresividad latente. Según el experto, es importantísimo evitar cualquier conflicto y alejarse a toda prisa de los tumultos. «En especial, hay que evitar las zonas ciegas en las que los funcionarios no pueden ver qué esta sucediendo». Los puntos más conflictivos son siempre la bajada y subida de las celdas, en las que más de un centenar de personas se arremolinan en una estrecha escalera, y la entrada y salida del comedor. «Hay que estar alerta en esos momentos tan delicados. Si va a pasar algo sucederá allí», afirma la fuente.

Con los funcionarios, lo justo
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«Uno de los errores que cometen algunos presos es intentar hacerse amigos de los funcionarios o convertirlos en sus interlocutores a la hora de realizar confidencias. El problema es que los otros reclusos van a sospechar de forma automática que ese recluso es un chivato. Y eso en la cárcel no se perdona», advierte la fuente.

Sexo: cuidado con las miradas
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En la prisión, dejando fuera los tópicos sobre la pastilla de jabón, el sexo se resuelve en los vis a vis a los que tienen derechos los presos. Pero el experto advierte de la intensidad de las emociones en las zonas mixtas: los talleres de trabajo, las escuelas y la misa. En estas áreas se produce una convivencia entre hombres y mujeres y se desatan sentimientos con una intensidad que no tiene nada que ver con lo que sucede en la calle. «Hay que tener mucho cuidado, porque una mirada puede ser casi una declaraciones de noviazgo. Y quizás no sepas si la persona con la que te estás insinuando tiene ya otra relación en la propia prisión».

Huir del lujo
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«Unas zapatillas de más de cien euros son un lujo en la cárcel y llevarlas va a ser muy complicado. Lo mismo sucede con las sudaderas de marca. Es muy fácil que venga alguien y te diga: 'Me la dejas para ver cómo me queda?'. Si la quieres recuperar quizás sea necesario recurrir a la violencia», afirma la fuente. El experto alerta también a quienes les gusta alardear de los bienes que poseen fuera de los muros de la prisión. «Hay bocazas que no se dan cuenta de que en la prisión hay gente que dispone de medios para extorsionar a su familia en el exterior con amenazas al allegado que tienen en prisión», explica.

Nunca aceptar encargos
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En la prisión se reciben paquetes del exterior cada quince días y esos encargos son uno de los momentos más delicados de la vida carcelaria. «Jamás hay que aceptar las peticiones de otros reclusos para que tus familiares introduzcan en ese envío algún encargo de otra persona. Lo más normal es que se dé el caso de la 'suela preñada'. Es decir, que entren unas zapatillas que llevan escondida droga en su interior. Y para los funcionarios, el culpable es siempre el destinatario del paquete», alerta. También hay que tener cuidado con los números de teléfono. Cada recluso tiene una serie de interlocutores -un máximo de diez- a los que puede telefonear desde prisión. «Si alguien te pide que incluyas un número suyo entre los que te corresponden ten cuidado. Lo más normal es que el favor que te piden sea para cometer algún delito».

El exterior es la clave
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El apoyo del exterior es clave para que un recluso se mantenga equilibrado durante su tiempo de condena y no pierda la cabeza. «Pero un preso debe saber que fuera, en su entorno de confianza, lo están pasando peor que él». Para el experto, la gestión de las visitas y los vis a vis es clave. «Es el momento de las sonrisas fingidas y el recluso debe saber que su función también es apoyar a las personas más próximas que vienen a verle. Si lo que comunica es desánimo está favoreciendo el que se desmorone todo su entorno familiar».

Lecciones de vida
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«La clave de la vida en prisión es saber que sí se sale. Y que lo importante no son los años que quedan por delante. Lo que realmente cuesta es el día a día pero en una prisión hay más oportunidades de las que se cree para sobrellevar cada hora de condena». El experto aconseja apuntarse a talleres de trabajo, a todo tipo de cursos -«es una buena oportunidad para estudiar»- y hacer todo el deporte que se pueda. «Si una persona no había aprendido la virtud de una vida ordenada y sencilla, ahora tiene una oportunidad de hacerlo», valora el experto. Este conocedor del mundo de las prisiones advierte también de una evolución que sufren todos los internos. «Se van a llevar grandes decepciones con personas del exterior que les van a dejar tirados pero también van a conocer a sus verdaderos amigos. Cuando sales de prisión no quieres a más, pero sí quieres mejor».

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